Fama

Está esa especie de sueño de dominio en aquel que quiere ser recordado: el apoderarse de los pensamientos del otro, lo mismo que su atención, quizás de su envidia. Como el general romano que quiere conquistar las Galias, aquel que busca la fama, busca someter al otro a su propio arbitrio mental, aunque la mayoría de las veces no es consciente de este gesto. Piensa solo en sí mismo: quiero ser recordado, no necesariamente con malicia, sino por miedo al olvido, a la muerte, al haber vivido en vano.

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Lo hipster

Lo hipster que se impone. Todos escriben o pintan o fotografían porque el arte es el paradigma de una vida valiosa y autentica. Nadie quiere hacer de barrendero en su tiempo libre. Borges le achuntó medio a medio con Utopía de un hombre que está cansado, cuento que transcurre en el futuro, donde todos se la pasan en sus casas pintando o escribiendo, un mundo donde como todos son artistas y nadie es público, el valor de todas esas obras tiende peligrosamente al punto cero.

Laberintos

Antes me costaba entender la fascinación (que juzgaba infantil) de Borges por los laberintos. Ahora que estoy más viejo me parece que ya la entiendo un poco más: la vida puede ser tan enredada y tramposa que equivale a andar perdido en un laberinto, sin nunca tener la posibilidad de encontrar la salida. Donde cualquier pasillo alargado puede ser confundido con un sentido y donde cualquier circulo puede llegar a ser, por mera resignación, un lugar para vivir y morir. Donde se vaga la mayor parte del tiempo extraviado, y donde las formas y curvas de las paredes -las circunstancias- son las que van moldeando finalmente nuestro destino.

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Modernos

El escritor contemporáneo ya no siente seguridad alguna en las cosas que escribe a menos que éstas salgan publicadas. Si se quedan en el cajón, o en una carpeta del escritorio, considera que todo el esfuerzo empleado no ha sido más que una penosa perdida de tiempo. Creen en el “publicar o morir” a cualquier precio, que su nombre en la tapa de un libro es la legitimación definitiva, cuando en realidad ningún esfuerzo puede legitimar a un alma temblorosa que continuamente teme al vacío.

Sobre libros perdidos

Uno de los capítulos perdidos de Variaciones de la experiencia religiosa de William James trataría sobre los jóvenes del futuro que mientras iban a sus trabajos por las mañanas o se aburrían durante el día tras un mostrador, fantaseaban con la idea que en realidad eran monjes y las tareas monótonas que realizaban eran las típicas de un monasterio. Que si bien carecían de la vocación suficiente para mantenerse célibes o dejar de desear a las mujeres, descreían en cambio de las bondades del capitalismo y sabían que la única salvación a la que podían aspirar era mantenerse leves y silenciosos, sumidos en el ejercicio de contemplar indiferentes el espectáculo de su propia vida.