El tiempo perdido de José Donoso

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Vivir en Chile, un país arrinconado entre mares, montañas y desierto, tiene por supuesto, mucho de vivir en una isla olvidada de la mano de Dios, sin esperanzas a la vista y mucho menos posibilidades de salvación.    Consecuencia directa de esto es la obsesión histórica de nuestros jóvenes más cultos, intelectuales o derechamente siúticos por abandonar el terruño rumbo a las soñada Europa o la cosmopolita Nueva York.  Haciendo eco de está obsesión es que Donoso escribe este cuento sobre un afortunado que se gana una beca a París y de todos sus envidiosos amigos, todos proustianos de la cabeza a los pies, y más interesante aún, con una visión proustiana de los lugares y las personas, lo que hace que el Santiago de su narración se desdibuje y se parezca un poco a París o al París que ellos sueñan al menos.

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Sobre el destino del hombre y el imposible sueño del cambio

 

Andrés: ¿Es posible que la conducta de un hombre de un giro radical de un día para otro? Que, por ejemplo, alguien que por años ha asaltado, ha robado a la gente, decida por sí mismo dejar de hacerlo. Que se diga a sí mismo: “ya he hecho suficiente daño, es tiempo de cambiar”. ¿No será acaso que las potencias invisibles que gobiernan el destino de ese hombre le impedirán dar ese golpe de timón? ¿O acaso, el cambio se producirá, pero amortiguado, y oculto en su interior, vivirá aún la oscura llama que lo impulsaba a robar, y de tarde en tarde, casi como un ritual, volverá a las viejas andanzas, solo para recordar al hombre que alguna vez fue?

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Marge Simpsons: la mentira eterna

En alguna parte de su biografía se dice que a David Foster Wallace, si bien le encantaban Los Simpsons, era incapaz de ver más de dos episodios seguidos; necesitaba salir a la calle y tomar un poco de aire, después de contemplar el espectáculo de una serie que se burla de todo o casi todo y que a la larga resulta según sus propias palabras “corrosivo para el alma”.

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La realidad

“Tan real como tú” es el slogan de un popular reality show que durante los últimos meses ha copado nuestras pantallas.  Frase inquietante, parece traducir la intención de la televisión por crear programas que busquen la aproximación, la imitación de la propia vida del espectador.

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