La Caída de Hyperion de Dan Simmons

La segunda parte de esa monstruosa y extraordinaria tetralogía de más de 2800 páginas, La caída de Hyperión de Dan Simmons trae devuelta a nuestras vidas, tras casi mil quinientos años de asueto, al cuasi desaparecido género de la épica.

Hay muchas cosas que decir a propósito de La Caída de Hyperión, lo primero es lo sorprendente de la trama: en un futuro distante, donde la humanidad se ha expandido por la Vía Láctea, y donde la guerra con los bárbaros de las zonas fronterizas está a punto de desencadenarse, siete peregrinos viajan al remoto mundo de Hyperion (el símil con el poema de Keats no es casual), para encontrar al Alcaudón o Señor delDolor, una criatura mitológica análoga al Minotauro de Teseo, que extermina sin piedad a los habitantes del planeta y clava a quienes lo consideran un dios a un gigantesco árbol de metal lleno de espinas, el árbol del dolor. Y eso es apenas el comienzo.

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Los Genocidas de Thomas Disch

Por lo general en las películas donde llegan los extraterrestres a la tierra con intenciones hostiles (Día de la Independencia, Guerra de los Mundos, o las más recientes Skyline y la Batalla de Los Ángeles), los seres humanos, tan denodados ellos, logran la victoria ante una raza ampliamente superior desde el punto de vista tecnológico y científico, apelando al coraje o a la valentía, o inclusive a la suerte (en guerra de los mundos son las bacterias quienes les dan una mano al hombre), pero siempre saliendo adelante y alcanzando el tan ansiado happy ending hollywoodense.

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Para una estética del Apocalipsis.

Vivimos años cruciales.  Así nos dicen los conspiranoicos.  Que se viene el 2012, el planeta Nibiru, el cometa Elenin, los extraterrestres, los ataques con Haarp y un largo etcétera de peligros que acechan desde el espacio. No solo eso, los economistas andan huraños, evasivos.  Dicen Crisis Financiera como eufemismo para no tener que decir Recesión que a su vez es también un eufemismo para no tener que decir Depresión.  Como sea, los terremotos aumentan, lo mismo que los tsunamis, huracanes y tifones, las especies mueren por miríadas, el mundo entero, en suma, se viene abajo.

Pero concedamos, por un momento, que todos estos peligros que acabo de mencionar pueden ser conjurados.  Que llegamos al 2012, seguimos a 2013 y no ocurre ninguna mega catástrofe natural, la economía mejora, el mundo sigue adelante.  Supongamos que no ocurre ningún cataclismo, que todo fue, de alguna manera, un delirio colectivo, una fantasía o error de proporciones pantagruélicas, que después de todo, no tenía nada que ver con nuestro luminoso devenir.  Si así fuese, queda aún una cuestión por visitar, un tema estético de por medio, que quiero aquí intentar retratar.

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