Aprender a no desear

Isaiah Berlín: Ésta ha sido una de las grandes formas que tomó la fábula de las uvas verdes. Si no podemos obtener del mundo aquello que verdaderamente deseamos, debemos aprender a no desearlo. Si no podemos conseguir lo que queremos, debemos aprender a querer aquello que podemos conseguir. Ésta es una fórmula muy frecuente de la retirada del espíritu hacia lo profundo; es la retirada hacia cierta ciudadela interior, en la que tratamos de encerrarnos para evitar todos los males del mundo que nos espantan. El rey de mi región —el príncipe— confisca mi tierra: yo no deseo poseer tierra. El príncipe no quiere darme un rango: todo rango es para mí trivial, carece de importancia. El rey me ha despojado de mis bienes: los bienes no son nada. Mis hijos han muerto por desnutrición y enfermedad: los apegos terrenales, e incluso el amor por los hijos, no significan nada para mí frente al amor por Dios. Y así sucesivamente. Gradualmente, nos cercamos con una pared impenetrable para disminuir nuestra superficie vulnerable; deseamos que se nos hiera lo menos posible. Se han acumulado sobre nosotros todo tipo de heridas, y en consecuencia, deseamos contraernos lo más posible, para quedar expuestos mínimamente a nuevas heridas.

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