Laberintos

Antes me costaba entender la fascinación (que juzgaba infantil) de Borges por los laberintos. Ahora que estoy más viejo me parece que ya la entiendo un poco más: la vida puede ser tan enredada y tramposa que equivale a andar perdido en un laberinto, sin nunca tener la posibilidad de encontrar la salida. Donde cualquier pasillo alargado puede ser confundido con un sentido y donde cualquier circulo puede llegar a ser, por mera resignación, un lugar para vivir y morir. Donde se vaga la mayor parte del tiempo extraviado, y donde las formas y curvas de las paredes -las circunstancias- son las que van moldeando finalmente nuestro destino.

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