La última batalla de la literatura

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Si bien la literatura chilena nunca ha sido un Edén y las luchas fraticidas y las puñaladas abundan en su historia, hace rato que no contábamos con una polémica que enfrentara a tantos bandos al mismo tiempo, que demostrara que hay varios que se tenían ganas y que ahora veían la oportunidad de sacar los trapitos al sol.   La batalla tiene ya unos cuantos capítulos escritos así que empecemos haciendo un resumen de lo acontecido hasta ahora:

  1. El escritor Alberto Fuguet publica No Ficción, una novela que juega con la vida intima de su autor y con el morbo de saber si será verdad o no lo que allí se cuenta. La historia de una relación que se mueve entre la ambigüedad y el auto engaño, el enredo de dos hombres que en ocho años de relación nunca han sabido llamar a las cosas por su nombre; una novela que es un paso más en la milimétrica salida del closet de Fuguet y en la que se ha tardado apenas unos veinticinco años.

 

  1. La critica y académica Patricia Espinosa lee No Ficción y a continuación procede a redactar una crítica en LUN, su ya famosa y temida critica de los días viernes, titulada esta vez y no sin cierta soltura: “El zorrón y el confundido” como para que Fuguet cache al tiro como se viene la mano: “Fuguet hace suyos todos los tics de la mala novela rosa, aquellas donde chorrean las declaraciones amorosas, los celos, los coqueteos, las desconfianzas y los malentendidos. Así la tensión narrativa se reduce a esperar, con mucha paciencia, si la final Alex logra desvirgar a Renzo. En ese tira y afloja transcurre la exhibición de una intimidad banalizada, en extremo individualista, con claros sesgos de clasismo y misoginia.  No ficción, lejos la peor obra de Fuguet…” y así la Espinosa sigue hasta el infierno.

 

  1. Tras las bambalinas de la literatura chilena surge un profundo malestar. Mensajes de facebook, whatsapp, mails, llamadas telefónicas a las tres de la madrugada así lo atestiguan. La sensación que Patricia Espinosa ha traspasado un límite y que ya es hora de ponerle coto.   La primera en saltar al campo de batalla es Claudia Apablaza, quien dice que la crítica de Espinosa a Fuguet es inaceptable.  Luego Gonzalo León en Punto Final escribe: “Para Patricia no hay posibilidades para la redención”.   Lo que podrían ser consideradas dos respuesta airadas, pasa a ser una ofensiva en toda regla cuando se publica una nota en el diario La Segunda, donde varias figuras del orden literario ponen en entredicho la capacidad crítica de Patricia Espinosa, entre los que destacaba Rafael Gumucio quien suelta: “es como Súper Taldo”.

 

  1. Ante la ola de críticas Espinosa guarda silencio y continua con sus reseñas de los viernes. La cosa pudo quedar allí, la crítica herida pero aún de pie, y todo casi a punto de pasar a la anécdota como la ultima refriega de moda, cuando un personaje totalmente impensado sale a la palestra: Camilo Marks. En una extensa nota en Paniko, Marks expresa su desgano a la hora de intervenir en esta contienda, saca su vasto currículo como para que vean con la chichita que se están curando y a continuación dispara a matar. 

 

  1. Marks agarra a Claudia Apablaza, Gonzalo León y a continuación suma un tercer personaje hasta ahora no mencionado: Diego Zúñiga, quien también ha escrito un largo y extraño artículo contra Patricia Espinosa. Aquí Marks dice: “una cosa es estar en desacuerdo  con una crítica y otra muy diferente es caer en criterios inquisitoriales con respecto a determinada persona”.  Marks reafirma el rol del crítico en un país tan autocomplaciente como Chile, donde sin ellos sería el reino del escritor más buena onda o del que tenga más influencias.  Y a continuación:

 

  1. Camilo Marks se ensaña con Diego Zuñiga. Lo hace pebre. Zuñiga, que es algo así como el soldado Ryan de la literatura chilena, alguien al que todos quieren salvar pero donde nadie entiende muy bien el motivo.  Al parecer Camilo Marks está interesado en corregir ese error: “El que se lleva las palmas es Diego Zúñiga: su artículo está pésimamente escrito, presenta errores ortográficos, sintácticos y lexicográficos graves, incoherente en grado sumo, autorreferente hasta decir basta”.   No tengo espacio para seguir citando pero lo que le hace Marks a Zuñiga es una crucifixión en toda regla.

 

Y hasta aquí el resumen.  Vaya uno a saber si esto sigue, como la pelea del verano de 2014 de Gonzalo Contreras contra los chicos de la UDP, o se termina todo con el abrupto silencio de estos últimos.  Es decidor estudiar dicho caso para comprender éste: la discusión se acabó porque los atacados concluyeron que mientras más pelearan con Contreras más tribuna le estarían prestando.   De eso se trata todo el asunto al final del día: de obtener la visibilidad correcta.   Los escritores quieren ser visibles,  pero también quieren salir bien en la foto.   Arruina el acto social, la conversa, si uno apareció en el diario para ser lapidado.   Patricia Espinosa, en este contexto, es como el niño de El traje nuevo del emperador que grita en la calle que el rey está desnudo, que si bien Fuguet acaba de sacar una novela para seguir progresando en su vasta carrera literaria, la novela es como las pelotas y más le hubiera valido no haberla escrito en lo absoluto.   ¿Cómo es posible mantener la sonrisa en un cóctel ante una opinión tan drástica?

 

Puede que el pleno de la literatura chilena sepa secretamente todas estas cosas.  Que sus trabajos no son excelsos, pero bueno, es lo que hay.   Que si el amigo critico o periodista tira un par de notas positivas y entusiastas, podemos sobrellevar el asunto con gracia y mantener la cabeza en alto.   “Queremos conservar la ilusión intacta” parecieran querer decir.   Primero Patricia Espinosa y luego Camilo Marks le han dado un portazo en la cara a dicho anhelo, tan cándido como provinciano, tan excesivo como impropio en una sociedad teóricamente democrática y donde las reglas del juego deben ser iguales para todos.

 

Marcel Schwob dice en el prologo de Corazón doble: “la vida era un tejido de aspiraciones excesivas que cada movimiento desgarraba”.  Del mismo modo, a lo que asistimos entonces en estos días de guerrilla, no es tan solo a una disputa más del orden literario sino a ver como las aspiraciones excesivas de una facción de nuestro establishment los lleva al desgarramiento interior, a la crispación, al día de furia, a la provocación y al anatema.  Un berrinche disfrazado del ejercicio de criticar al crítico; o tal vez un legítimo ejercicio de análisis hacía un crítico que está en el ojo del huracán, vaya el tiempo y los dioses a dictaminar de qué lado estuvo la verdad durante estos días oscuros.

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