postliteratura

La postliteratura era inevitable –me explica el profesor A.–.  Con la hegemonía del marketing y de las marcas para definir a los individuos y sus relaciones, tarde o temprano sus modos y prácticas tendrían que llegar a la literatura.    No te lo tomes a mal, me dice, en un fenómeno que atraviesa todas las capas culturales: piensa en esas bandas de rock que escriben un disco en un par de meses y luego se pasan tres años de gira.   Dentro de tu actividad, poner el acento en la promoción y el encuentro directo con el público es, al final, el único modo efectivo de que puedas cobrar por tu obra.  Si pasas encerrado dos o tres años escribiendo un libro mientras allá fuera tus contemporáneos no paran de hablar bien de sí mismos o de sus amigos, no te espera otro destino que el anonimato y el ostracismo (y a estas alturas ya tengo ganas de tirarle la silla en la cabeza al profesor, pero claro, él se limita a explicar y uno no debería culpar al mensajero…)

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