las bajezas

Las bajezas –anota A.– y escribe: dinero, mala fe, interés, voluntad de poder, bajas pasiones.  Dice dinero en primer lugar y me inunda la extrañeza: vivo en un mundo donde se ha glorificado demasiado el dinero –vivo en consecuencia en un mundo bajo– pero me cuesta reconocerlo.  De igual modo, hoy P. me dice: “la literatura ha muerto” y si, tengo a la vista como en una mano de póker todos los hechos que lanzan por la borda a la literatura del panorama cultural general, exiliándola al rincón de aficiones añosas y excéntricas como la cetrería o la filatelia y sin embargo, yo aún no acabo por aceptarlo, creyendo que el sueño puede durar para siempre.

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postliteratura

La postliteratura era inevitable –me explica el profesor A.–.  Con la hegemonía del marketing y de las marcas para definir a los individuos y sus relaciones, tarde o temprano sus modos y prácticas tendrían que llegar a la literatura.    No te lo tomes a mal, me dice, en un fenómeno que atraviesa todas las capas culturales: piensa en esas bandas de rock que escriben un disco en un par de meses y luego se pasan tres años de gira.   Dentro de tu actividad, poner el acento en la promoción y el encuentro directo con el público es, al final, el único modo efectivo de que puedas cobrar por tu obra.  Si pasas encerrado dos o tres años escribiendo un libro mientras allá fuera tus contemporáneos no paran de hablar bien de sí mismos o de sus amigos, no te espera otro destino que el anonimato y el ostracismo (y a estas alturas ya tengo ganas de tirarle la silla en la cabeza al profesor, pero claro, él se limita a explicar y uno no debería culpar al mensajero…)

tristeza

Ya me ha pasado un par de veces en San Pedro: ver chicas que yendo en bicicleta se detienen en mitad de la calle, se bajan, se sientan en la vereda y se echan a llorar desconsoladas.   Como si se hubiesen propuesto huir de la tristeza y ésta, implacable, les hubiera dado caza.

estructuralistas

De un escritor estructuralista a otro:

Estructuralista 1: creo que ya no podemos fiarnos de las musas.  Creo que de ahora en adelante estamos obligados a planificar nuestros libros hasta el último milímetro con la precisión y el cuidado de un relojero suizo.

Estructuralista 2: ¿qué son las musas?

crianza

Hemos sido criados bajo la certeza que nuestras instituciones nos pondrán a salvo de los horrores de la vida.  Que la educación creará un abismo insalvable entre nosotros y las cuitas de la miseria física y espiritual.  Que el matrimonio nos librara de la soledad.  Que las clínicas privadas nos salvaran de la muerte.   Sabemos y no sabemos, al mismo tiempo, estas cosas, o peor aún: sabemos de su falsedad pero preferimos hacernos los locos, seguir creyendo, antes que admitir nuestra terrible fragilidad y la precariedad y la mentira que envuelve a todo lo que nos rodea.

tregua

Lo pienso como el establecimiento de una especie de tregua: decirle a la vida: de ahora en adelante me comportare como un ciudadano decente, trabajador y ordenado; y a cambio, te pido que las cosas no cambien nunca, que todo lo que tengo se mantenga junto a mí.  Le dicen precisamente “establecerse” y supongo que a varios niveles supone un alivio contra la incertidumbre, aunque no considera que el azar en cualquier momento puede jugarnos en contra (el divorcio, los accidentes, los despidos) y que la fatalidad de todas formas va a ir contra nosotros (la enfermedad, la decrepitud, la estupidez y la muerte) y entonces la tregua, inevitablemente, sin importar lo bien que nos hayamos portado, tendrá siempre un aciago final.