Sobre el destino del hombre y el imposible sueño del cambio

 

Andrés: ¿Es posible que la conducta de un hombre de un giro radical de un día para otro? Que, por ejemplo, alguien que por años ha asaltado, ha robado a la gente, decida por sí mismo dejar de hacerlo. Que se diga a sí mismo: “ya he hecho suficiente daño, es tiempo de cambiar”. ¿No será acaso que las potencias invisibles que gobiernan el destino de ese hombre le impedirán dar ese golpe de timón? ¿O acaso, el cambio se producirá, pero amortiguado, y oculto en su interior, vivirá aún la oscura llama que lo impulsaba a robar, y de tarde en tarde, casi como un ritual, volverá a las viejas andanzas, solo para recordar al hombre que alguna vez fue?

 Rebe: Cambios radicales los hay…. pero tienden a ser para mal, tipo breaking bad, donde se libera un demonio interior incubado por largo tiempo. También existe la tesis de que un hombre no puede cambiar, aunque quiera, pues lo atrapan su pasado y circunstancias, tipo Carlitos way. La vida es como una serie de pequeñas jaulas dispuestas sobre nosotros como muñecas rusas. Y al final descubrimos que no hay nada más difícil que hacer lo que indicaba la inscripción del Auryn en la Historia Sin Fin, ese “Haz lo que quieras” sin límite alguno es como un abismo insondable porque no sabemos qué queremos realmente ni nos sentimos cómodos con tamaña libertad. El hombre suele elegir su amada jaula y la lustra y engalana con lacas doradas.

 Andrés: si, parte de mí cree lo mismo, que no es posible un cambio, o si lo hay, solo es para ahondar en la decadencia, (“los caminos de la decadencia son innumerables”). Eso, sin embargo, se puede contrastar con las expectativas que tiene cada uno de su propia vida, la creencia férrea e inclusive desesperada que su vida si puede cambiar. Quizás lo único que resta es la espera de la epifanía, tipo San Pablo o K. Dick en Valis, que la fuerza celestial literalmente te golpee y así uno pueda enderezar su vida.

 Rebe: Claro. Porque mi experiencia (real y literaria) me dice que son pocos los que realmente QUIEREN cambiar. No ese querer que pasa por un “debería” o un “sería mejor”, inculcado por los valores sociales sino un QUERER, puro, cristalino, nacido de lo más profundo como una certeza o -justamente- como clara epifanía.

 Andrés: si, muy buen punto, quizás el problema no radica en que el cambio para mejor sea imposible, sino que en el propio ser no existe dicha voluntad. si existe, en cambio, una potente e incansable voluntad para la autodestrucción, el tanatos del que habla Marcuse.

Rebe: Exacto. El odio de sí como sentimiento fundamental

© posted in facebook by Rebe Reberdi & Andres Olave.

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