Ágape se paga de William Gaddis

 

En algún lugar de sus diarios, Dostoievski escribe: “¿Acaso el verdadero sentido de mi vida no es más que experimentar cuanto menos dolor posible y cuanto más placer posible? Está claro que mi conducta parece indicar que esto es lo que creo, por lo menos durante gran  parte del tiempo.  Pero, ¿acaso no se trata de una forma egoísta de vivir?  Ya no digamos egoísta: ¿acaso no es una forma de vida espantosamente solitaria?”

 Este texto es destacado obviamente por Joseph Frank, el autor de la biografía definitiva sobre el maestro ruso, pero también por un impresionado David Foster Wallace en Hablemos de Langostas.   Un autor que viene a completar la trinidad es el norteamericano William Gaddis (1922-1998), quien en su obra póstuma, menciona a Dostoievski, junto a otros grandes autores como Flaubert o Tolstoi, para dotar de espaldas al extenso libelo en contra de nuestra sociedad que es Ágape se paga.

Gaddis nos cuenta del auge de la pianola mecánica en los albores del siglo XX, historia que sirve al autor como metáfora de cómo la tecnología crea permanentemente juguetes que nos fascinan, y, al mismo tiempo, nos deshumanizan. Donde el arte es rebajado a puro entretenimiento fácil y digerible, a un show continuado que fomenta y anhela la pasividad de las masas, y donde el rol del artista queda paulatinamente desplazado por la maquina que reproduce su obra a la perfección y permite llevar al artista a todos los hogares.

Así, la Diversión y la Cultura del Entretenimiento, esas fuerzas omnipresentes en nuestro cotidiano (las salas multicine, el zapping incesante, la contemplación infinita de miles de videos de You Tube, la ultima aplicación del Iphone que convierte en zombie a la gente, los Angry Birds en la luna  y los doscientos sesenta juegos en la PSP Vita) son signados como los enemigos, los titanes que han gestado nuestra caída.  El adiós definitivo a nuestra conciencia moral y crítica, el descenso hacia el mundo de la dispersión gozosa, al deseo de estar continuamente entretenido.

“Somos miles y ellos son millones” cita de Tolstoi, es la consigna de guerra que Gaddis repite incesante para señalar el laberinto sin salida en que ha caído el artista. Sin posibilidad de luchar contra las Fuerzas Dominantes, obligado al gesto de retirada, a volver su obra cada vez más pequeña, gesto que reproduce Edward Bast, uno de los personajes de Gaddis en JR.  Aquel que en su confiada juventud cree que va a escribir una gran ópera y que paulatinamente debe recortar sus ambiciones.  Obligado a desechar la ópera y contentarse con una cantanta, “luego una pieza para orquesta, y al final se limita a escribir una pieza para violonchelo, es decir, para él mismo, para una pequeña voz que trata de rescatarlo todo y que dice… «sí, todavía queda esperanza.»”

Además, la democratización de las artes, un poco como la expulsión del Paraíso, no solo afecta a los artistas, sino que, tiene bases más profundas y oscuras.  La deshumanización es un imperativo de los Amos, advierte Gaddis, crea esclavos o mejores esclavos; hombres despojados del alma, sin las inquietudes del espíritu, que no tienen conflicto con el hecho de descender de por vida a meros trabajadores. El sistema tiene la directriz, dice Flaubert: “de convertir a los hombres en bestias y aliviarles de la tarea del pensar”.  Hasta ahora, la alta cultura defendía la soberanía del individuo, un sentimiento que ahora parece querer ser erradicado: “es preciso inculcar un sentimiento de inferioridad irremediable en los corazones y el espíritu de los pobres”.  Como una pesadilla paranoica, este mundo de placer incesante y diversión ininterrumpida ha sido creado para mejor dominar, para asegurar el control de titiriteros invisibles sobre las hipnotizadas masas.

Pero no, stop, deténgase, quédense hasta aquí.  Todo lo dicho hasta ahora es una broma, todo es un mal sueño nos dice Gaddis al final (¿una broma infinita?): “a la postre la verdad es que no creo en nada de lo dicho” y podemos entonces considerarnos fuera de peligro y retornar  tranquilamente a nuestro arte.  O acaso, sabernos perdidos de forma irremediable pero igual atados al arte, como esos músicos del Titanic que mientras el trasatlántico se hunde siguen tocando, en medio del caos, los gritos, los llantos y la creciente violencia de un mundo que se acaba, ellos eligen continuar, sedientos de belleza aún, belleza esquiva e inencontrable a esas alturas, pero sin poder hacer otra cosa, proseguir la búsqueda denodada, ahondar en el delirio, seguir llevando dolorosamente a cuestas, hasta el final, lo que Gaddis llama: “el peso insostenible de ser un artista”.

Andres Olave

Anuncios

3 pensamientos en “Ágape se paga de William Gaddis

  1. Al hilo de varias partes de tu artículo: desconozco casi por completo la obra de Flaubert….pero tu cita me ha traído a la mente la de Blaise Pascal: “cela vous fera croire et vous abêtira”, a su vez citada por William James (“The Will to Believe”) y por el impresionante, y casi desconocido, Lev Shestov (“In Job’s Balance”).

    Si no la conoces, en la recopilación de ensayos de Shestov encontrarás una primera y amplia parte, sublime, dedicada a Dostoievski. Comparado con Shestov, las referencias de Gaddis a la obra y pensamiento (filosofía) de Dostoievski, son un trabajo de estudiante norteamericano algo despabilado (más mérito de Shestov que demérito de Gaddis).

    Gaddis escribe muy bien; es, sin duda, un magnífico escritor, pero su construcción sobre la pianola (amén de obsesiva) es bastante lineal, superficial.

    PodríañGaddis- haberse remontado históricamente a las “pascalinas” (ya que he mencionado a Pascal) e incluso antes: al ábaco de Napier (genio que, sin saberlo, inventando los logaritmos elevó -con categoría de revolución copernicana- el álgebra -y por tanto a los algrebristas italianos del s. XIV y posteriores- a la vez que, contradictoriamente (¿o no?) se aferraba al abacismo con su “Rabdología”, para finalmente estar orgulloso de su “A plaine Explanation of the Revelation of St John…” publicada por primera y última vez en 1596 y en la que preveía el fin del mundo en s, XVIII).

    Tampoco se mete Gaddis en cuestiones relativamente simples y necesariamente unidas al “pensamiento” algorítmico como una simple máquina de Turing….la pianola es una referencia bastante plana; un artificio de poca enjundia. La capacidad narrativa, como argumento, de la pianola solo funciona gracias su talento literario (expresivo, narrativo) de Gaddis.

    Un saludo.

    José Luis G.

    • gracias por tu comentario, me gusto mucho. buscaré lo que pueda de Shestov, a ver que sale. eso si, decir en defensa de Gaddis, que Agape Agape (titulo original en ingles) fue escrito durante los últimos meses de vida del escritor, cuando ya estaba en tratamiento por sus problemas pulmonares y recibía medicamentos que le producían alucinaciones (y de ahí el tono medio lisergico del libro). un abrazo.

      • Casi toda la obra de Shestov la puedes encontrar (en inglés) en la red; tag: angelfire shestov. Espero te guste! Saludos!

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s