Sobre el destino del hombre y el imposible sueño del cambio

 

Andrés: ¿Es posible que la conducta de un hombre de un giro radical de un día para otro? Que, por ejemplo, alguien que por años ha asaltado, ha robado a la gente, decida por sí mismo dejar de hacerlo. Que se diga a sí mismo: “ya he hecho suficiente daño, es tiempo de cambiar”. ¿No será acaso que las potencias invisibles que gobiernan el destino de ese hombre le impedirán dar ese golpe de timón? ¿O acaso, el cambio se producirá, pero amortiguado, y oculto en su interior, vivirá aún la oscura llama que lo impulsaba a robar, y de tarde en tarde, casi como un ritual, volverá a las viejas andanzas, solo para recordar al hombre que alguna vez fue?

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Ágape se paga de William Gaddis

 

En algún lugar de sus diarios, Dostoievski escribe: “¿Acaso el verdadero sentido de mi vida no es más que experimentar cuanto menos dolor posible y cuanto más placer posible? Está claro que mi conducta parece indicar que esto es lo que creo, por lo menos durante gran  parte del tiempo.  Pero, ¿acaso no se trata de una forma egoísta de vivir?  Ya no digamos egoísta: ¿acaso no es una forma de vida espantosamente solitaria?”

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