Marge Simpsons: la mentira eterna

En alguna parte de su biografía se dice que a David Foster Wallace, si bien le encantaban Los Simpsons, era incapaz de ver más de dos episodios seguidos; necesitaba salir a la calle y tomar un poco de aire, después de contemplar el espectáculo de una serie que se burla de todo o casi todo y que a la larga resulta según sus propias palabras “corrosivo para el alma”.

Todos hemos visto los Simpsons y en menor o mayor medida sabemos a lo que Foster Wallace se refiere.  En la serie nos muestra algo así como los arquetipos de nuestra sociedad en toda su magnifica derrota: el político, Alcalde Diamante, es tan corrupto como libidinoso y nunca considera a su pueblo como algo más que chusma ignorante y fanática; el científico, profesor Frink es un hombre solitario, freak y que algún día acabara ahorcándose; los policías son obtusos y violentos; el hombre rico, Montgomery Burns es avaro, codicioso, malvado y republicano, etc, etc.

La propia familia no se salva de este imperio del estereotipo que a la larga acaba por ser cierto: Homer, el padre de familia, es borracho, flojo y estúpido.  Lisa, la hija, si bien brillante es pretenciosa y ególatra.  Bart es el típico niño alborotador, travieso y lerdo.  En resumen, los Simpsons nos sugieren que cada rol en nuestra sociedad viene de la mano de un defecto o vicio, una suerte de deformación profesional, de la que más o menos, nadie está a salvo.

Pero claro hay una excepción: Marge Simpsons.  Si bien alguna vez expuesta como un ama de casa neurótica y sobre protectora, hay algo en ella que no calza con el mundo real que los Simpsons buscan parodiar y burlarse continuamente.   Un detalle clave, que acaso funciona como pegamento social para toda la familia: el hecho que Marge ama a Homer, lo Ama así con mayúsculas, como desde el primer día, con un amor impoluto y perfecto, indestructible.  No importa que con los años Homer se haya puesto calvo y gordo, que llegue casi siempre borracho o malgaste el dinero de la familia en negocios absurdos o juguetes carísimos.  Que ahorque al hijo menor o ignore a los otros dos, nada de eso le importa a Marge.  Mientras otras esposas en Los Simpsons se han divorciado o han entrado en crisis matrimoniales (Luann Van Houten, Bernice Hibbert respectivamente) los sentimientos amorosos de Marge son inmutables, a la manera de aquellos que pertenecen a una secta religiosa y entonces cabe preguntarse si en algún capitulo que no vimos a Marge le lavaron el cerebro o es la serie completa la que trata de hacernos lavado de cerebro a nosotros.

En un libro que leí hace poco El amor dura tres años, el escritor francés Frederic Beigbeder nos dice: “el amor es un subidón efímero de dopamina, noradrenalina, prolactina, luliberina y oxitocina.  Una pequeña molécula, la feniletilamina (PEA), provoca sensaciones de alegría, exaltación y euforia.  El flechazo es la suma de neuronas del sistema límbico saturadas de PEA.  La ternura, un montón de endorfinas (el opio de la pareja).  La sociedad miente: te vende el gran amor cuando está científicamente comprobado que, al cabo de tres años, estas hormonas dejan de estar activas.”

La luz de estos datos solo tienden a verificar nuestra realidad de todos los días: vivimos en un mundo plagado de quiebres amorosos, rupturas, engaños, malentendidos, ilusiones perdidas, divorcios, crímenes de pasión, etc.  Así, cabe preguntarse por qué los Simpsons, desatienden, suspenden por un momento su propia filosofía de burla descarnada de la realidad, e insisten y ponen el acento en el hecho que el Amor de Marge por Homero ha de ser, por siempre, duradero y perfecto.

Por lo demás, es Hollywood en general (y no solo los Simpsons) el que se empeñan en mantener este engaño: que a pesar de lo difícil que sea tu trabajo, de lo mal que te lleves con todos los que están a tu alrededor, de la pobreza, de la fealdad, de la estupidez, habrá siempre un alma caritativa allá afuera que te estará esperando con los brazos abiertos.  Media vida se le va a la gente buscando está alma gemela, la Marge que se supone cada uno de nosotros merecemos.  La otra mitad de la vida es la resaca del amor: el pago de la pensión de alimentos post divorcio, el tener que sobrevivir después que la gran oportunidad del amor que por una u otra razón hemos perdido.   Y el resultado es siempre el mismo: la gente trabaja como aplicados esclavos sabiendo que el significado de su vida no tiene que ver con lo que hacen o con la gente que se aprovecha de ellos, sino con la posibilidad de, alguna vez, encontrar a su propia Marge y de ahí y para siempre, amar y ser amados.

Andrés Olave

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Anuncios

2 pensamientos en “Marge Simpsons: la mentira eterna

  1. amigo, te leí ,pero no tengo nada que agregar, te dejo comentario porque se que para muchos (como yo) es importante saber que nuestros pensamientos llegaron a alguien…

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s