Mientras Agonizo de William Faulkner

Stephen King dice en algún lado que hay cuatro clases de escritores: los malos, los mediocres, los buenos y los geniales. Es bastante tajante en lo absoluto de estas categorías y asegura que un autor malo jamás llegara a convertirse en uno mediocre y que éste ultimo solo a base de un esfuerzo ingente podría llegar a ser alguna vez uno bueno. Más allá, es imposible dice King, ningún autor bueno podrá alguna vez ser genial, el genio nace y no hay nada más que hablar.

Menciono esta distinción, porqué durante la lectura de Mientras Agonizo me acompaño permanentemente la sensación de estar ante una suerte de hito o cumbre de la creación literaria. Un libro más o menos sencillo y que al mismo tiempo exhalaba intensidad, belleza, tragedia y humanidad por todas partes. Una historia absurda de paso: una familia de blancos pobres cuya madre agoniza y cuyo ultimo deseo de ser enterrada en su pueblo natal, a más de 60 kilómetros de su hogar. Llegado el fin, la madre es puesta en un precario ataúd de tablas y puesta en la parte trasera de una carreta de mulas, dando inicio a la travesía, una pequeña odisea donde el padre y los hijos encaran un largo viaje y una tormenta de proporciones bíblicas, luchando por llegar a destino.

Como es usual en Faulkner prima el uso del monologo interior, aunque más que sus voces particulares, pareciera que estuviéramos oyendo sus almas, la verdad profunda que habita en todos los seres. La literatura, por supuesto, debe prescindir de lo superfluo, de lo transitivo y de lo cliché. El resultado, que uno advierte en autores como Joyce, Pynchon, Foster Wallace y por supuesto en Faulkner es una prosa intensa, que algunos podrían mal llamar densa, pero que en efecto busca llenar todos los reglones con un sentido preciso, significativo, donde cada palabra importe y claro, pienso entonces en esas novelas que podemos saltarnos paginas y paginas y donde todo sigue más o menos igual.

Leí por ahí que ya no es posible escribir como Faulkner en el mundo que vivimos. Puede ser que la dificultad que un lector encuentre en libros como Mientras Agonizo tienda a desalentarlo, pero eso es más que nada por el facilismo al que nos ha acostumbrado nuestra época. Mucho se habla de 2012 como fin de los tiempos o principio del fin de los tiempos. No sé que sea de eso, pero vivir en un mundo donde los últimos lectores que quedan se rindan ante Faulkner, es acaso, la derrota final que le espera a las grandes obras, la clase de fracaso que condena a la Literatura a un pasear mediocre, lejos para siempre de las altas cumbres, de las cimas del espíritu humano.

Andrés Olave

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