Vicio Propio de Thomas Pynchon

La literatura tiende a crear camarillas, grupos, sectas.  El otro día me pasé por un blog donde se atacaba a Thomas Pynchon y se defendía encarecidamente a Don Delillo, siendo que ambos autores tienen muchas similitudes entre sí, y el segundo siempre ha declarado una gran admiración por el primero.  Pero no, los posteadores se la habían tomado con Pynchon y resultaba que él era el peor entre todos los escritores, y Delillo, claro, el mejor, es decir, maniqueismos tontos de la red, extremismos que surgen, simples excusas para ponerse violentos.

 En el caso de Vicio Propio he debido observar como los propios fieles de la secta, a saber, los pynchonianos se hayan completamente divididos.   Están por un lado los puristas que reniegan de este libro, por no tener, la densidad, la maravillosa oscuridad y los giros salvajes que suele ofrecer la narrativa de Pynchon, y que en esta ocasión se atreve a moverse en aguas mas calmas, contando una historia policial que hubiese podido escribir Raymond Chandler.   Por el otro lado, están los tolerantes, aquellos que aceptaron el libro, aunque con un leve encogimiento de hombros, como diciendo “dejen que escriba alguna vez para las mentes simples”.  Hay por supuesto en ambas opiniones un cierto elitismo, que siempre he encontrado en los lectores de Pynchon en castellano.   De hecho, una vez un profesor de literatura comparada me reprocho que yo hablara de Pynchon “a la ligera”, aunque no supe entender muy bien a que se refería.  Quizás necesitaba ponerme una toga mientras lo hacía, o tener un doctorado en literatura, como él que el ostentaba… en fin.

Me gustaría empezar a hablar del libro de una vez, pero me parece demasiado interesante este fenómeno, a saber, que la gente que lee Pynchon se sienta especial sólo por el hecho de hacerlo.  Y claro, puede que lo anterior solo sea parte de un hecho más amplio: que en Chile nadie lee un cuerno, así que si leíste cinco libros el último año ya eres una especie de monstruo intelectual, o quizás, un fenómeno de circo.  Y entonces si lees Pynchon pareciera que solo resta exclamar: ¡Dios mío!

Intentaré ahora hablar un poco del libro: la novela en castellano se llama Vicio Propio, pero en ingles es Inherent Vice, vicio inherente, terminología de compañías de seguro que se refiere a que no cubren ciertos aspectos de una carga porque son fallos que siempre ocurren: como por ejemplo los choques que sufren los autos cuando son trasportados por alta mar.  En ese sentido, puede que el elitismo, al menos en esta parte del mundo sea un vicio inherente al hecho de leer libros.   Un vicio tercermundista, claro está.  Pero mientras sean solo unos pocos los que puedan acceder a ciertos libros, seguirá sucediendo: un puñado se creerá mejor que el resto por leer este gran libro y todo el resto, continuará su camino, sin saber, que desde unas montañas imaginarias, un puñado de frikis, desde el corazón de su soledad, los miran con desdén y distancia.

Andrés Olave

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3 pensamientos en “Vicio Propio de Thomas Pynchon

  1. Estupendo Andrés. En especial me encantó este párrafo:

    “en Chile nadie lee un cuerno, así que si leíste cinco libros el último año ya eres una especie de monstruo intelectual, o quizás, un fenómeno de circo. Y entonces si lees Pynchon pareciera que solo resta exclamar: ¡Dios mío!”.

  2. “Mason y Dixon” me apasionó a pesar del esfuerzo, y “Vicio Propio” me ha hecho pasar un par de tardes espectaculares y divertidas. Supongo que todo es posible con Pynchon. 🙂
    Un saludo

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