Corona de Flores de Javier Calvo

Lo primero que me llamo la atención de esta novela es el vértigo de su escritura, un vértigo que lleva aparejado una intensidad que hacía rato no rondaba mi biblioteca.  La novela va exactamente de una serie de crímenes orquestados en Barcelona, en el remoto y sugerente año de 1877.  Los encargados de resolver los crímenes, tal como reza la contraportada, son: “Semproni De Paula, inspector provincial del Cuerpo de Vigilancia, diminuto, paranoico, salvajemente violento. Y el doctor Menelaus Roca, el “Trasgo”, anatomista agorafóbico y fotofóbico con un pasado de locura homicida”.

 En ese sentido, Corona de Flores está saturada de personajes freaks muy interesantes, pero el vértigo que la envuelve, que la lleva sobre las olas de alguna forma, impide que uno se quede mucho tiempo con cada uno a excepción del segundo de los “detectives”, el doctor Menelaus Roca, un genio maltrecho y sucio y caído en desgracia que busca la solución del misterio por puro frenesí intelectual, y es que en sí mismo, un constante misterio para el lector dada su naturaleza hiperbólica y excéntrica.

Otro punto de interés en Corona de Flores es su estructura, sumamente compleja e inteligente que rápidamente se desentiende del misterio típicamente policial (quien es el asesino), para desenvolverse libremente en cauces más amplios y oscuros: acaso de donde proviene la génesis de todo mal, o si en el punto donde se origina puede hallarse un nuevo comienzo, un nuevo orden para este mundo.

La utilización o usufructo de lo brutal y lo grotesco puede que moleste o agravie a alguien, pero no es mi caso particular.   Escenas donde se golpea a mujeres hasta dejarlas medio muertas o se balea a niños, si bien no supusieron “mis delicias”, tampoco llegaron a generar un principio de repulsión o rechazo como puede quizás pasarle a lectores más sensibles o abiertamente quisquillosos.  En ese sentido, Corona de Flores esconde un cierto componente de locura, que me hizo recordar oblicuamente esos versos de Mario Santiago: “si he de vivir, que sea sin timón y en el delirio”, o en este caso, en la fase más oscura de esa locura, de ese delirio.

Hace unos días Javier Calvo se quejaba en su facebook que, a propósito de la muerte de Ray Bradbury, los periodistas lo llamaban para que diera su opinión al respecto.  “Jamás he leído a Bradbury” protestaba Calvo, lo que claramente se nota en la oscuridad de su escritura, en esa inclinación hacia la pesadilla, cuyo referente más cercano, que logro distinguir, es el inmenso Clive Barker.

Alguna vez leí por ahí que la función del Arte es iluminar la oscuridad.  Dicha definición le viene como anillo al dedo a Corona de Flores, una novela palpitante como un corazón recién arrancado de un pecho, sanguinaria y salvaje, una joya para el futuro, para un mundo que sueña con esta clase de historias, un mundo que cada día se vuelve más brutal e inhumano.

 

Corona de Flores

Javier Calvo

Mondadori

305 paginas

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