Gabriela Mistral derrotada por Syndrome, villano de los Increíbles

Allá por 2004 se estreno una de esas películas animadas que tanto hacen disfrutar a grandes y chicos, a saber, los Increíbles, una historia sobre súper héroes jubilados que deben volver a la actividad para enfrentar a Syndrome, un súper villano cuyo plan maquiavélico es… llenar al mundo de superhéroes.

 En ese sentido, el plan malvado de Syndrome parece extraño y hasta inocuo.   Veamos la parte del dialogo donde el villano le explica a un amarrado señor Increíble los detalles de su plan:

Syndrome:

¡Vamos! Tienen que admitirlo, ésto es grandioso. ¡Como en una película! El  robot saldrá dramáticamente… causará algunos daños. ¡Una multitud de gente gritando! ¡Y justo cuando no quedan esperanzas, Syndrome salvará el día! ¡Seré mejor héroe de lo que ustedes jamás fueron!

Sr Increible:

¿Te refieres a que matarás héroes verdaderos para pretender ser uno?

Syndrome:

Yo soy de verdad. ¡Lo suficiente para vencerte! Y lo hice sin tus preciados dones, tus poderes “tan especiales”. (pausa) Les daré proezas. ¡Les daré las proezas más espectaculares que nadie jamás haya visto! Y cuando sea viejo y me haya divertido, venderé mis inventos… para que todos puedan ser superhéroes. Todos podrán ser súper. Y cuando todos sean súper… nadie lo será.

La perversidad de Syndrome es muy sutil.  Odia a los superhéroes por razones personales (de pequeño le negaron el derecho a ser uno), y sueña entonces con la destrucción de todos los súper héroes.  Pero para eso, no se puede emplear un modo directo, esto es, simplemente matándolos, sino más bien sabe que debe apuntar a eliminar su relevancia en la sociedad.  Al fin y al cabo, siempre surgirán nuevos súper héroes y Syndrome sabe que su existencia es finita; que la simple eliminación física de súper héroes no puede acabar con el concepto.  En cambio, es capaz de vislumbrar que la generalización de un acto acaba por banalizarlo, que la verdadera destrucción del mundo de los superhéroes implica… llenar el mundo con ellos.

Dicho Plan Maestro me hizo recordar de forma inevitable a Gabriela Mistral y su famoso poema sobre las reinas:

TODAS ÍBAMOS A SER REINAS

Todas íbamos a ser reinas,
de cuatro reinos sobre el mar:
Rosalía con Efigenia
y Lucila con Soledad.

En el valle de Elqui, ceñido
de cien montañas o de más,
que como ofrendas o tributos
arden en rojo y azafrán.

Lo decíamos embriagadas,
y lo tuvimos por verdad,
que seríamos todas reinas
y llegaríamos al mar.

Imaginar ese poema, con el titulo levemente modificado: Todas fuimos reinas ya le quita harta gracia al asunto.  En ese sentido, es en el sueño, en la expectativa, en la posibilidad donde suele anidar la poética y no en los hechos consumados.  Por lo demás, si el mundo estuviese lleno de reyes… ¿a quien podría importarle?

Por lo mismo, vale considerar este problema desde la perspectiva que tanto los poetas como los artistas literarios por lo general han aumentado progresivamente su número y su presencia en el mundo.  Cada día, de hecho, se publican más libros, se organizan más ferias, más reuniones y revistas literarias.  Está aparente bonanza se contrasta con el escaso interés de parte del publico, quien ve pasar las hordas de poetas[1] rumbo a algún congreso literario y se encogen de hombros y continúan su vida.

En la antigüedad, en cada pueblo, había dos o tres poetas perfectamente distinguibles.  Ahora en una ciudad habrá cuatrocientos o quinientos cuya obra (en calidad e importancia) se hacen muy difíciles de cuantificar.   Del mismo modo que Syndrome soñó una sociedad plagada de superhéroes (o de no-superhéroes), hoy habitamos un mundo donde las artes se expandieron por todos lados, y a la vez, se deshicieron.  El otro día una chica se quejaba en Facebook por la falta de lectores, pero me pareció que en realidad no es que no hayan lectores, sino que leen solamente los que escriben, en una suerte de híbrido, una nueva formación, que reemplaza a la anterior, y que de paso la anula, porque al final… ¿a quien que no sea poeta podrían interesarle los poetas, y menos que los poetas en general, no le interesaría más su propio destino poético?

Desconozco la razón de por qué se extendieron tanto las artes por el mundo.  Quizás sea la bonanza y el progreso económico.  Como sea, las formas antiguas se han perdido en el pasado y ya no volverán.  Los poetas se seguirán reuniendo, seguirán festejándose unos a otros, con una fuerte conciencia de gremio, y acaso, hasta con una inesperada solidaridad.  Pero no habrá allá afuera, alguien que pueda atender sus escritos, su obra.  Vivirán en sus refugios soñando con un público que ya no les presta atención, que vive embebido en su propia vida, en su propia fantasía y que hace tiempo perdió su interés por el hecho estético.

O dicho de otra forma: antes todos soñábamos con ser reyes (y así muy bien lo especifico la Mistral).  Hoy todos somos reyes, pero el reino, bajo la fuerza de este imperativo democrático, se ha diluido, y tal como lo quería Syndrome, todos somos héroes, y al final, nadie lo es.


[1] Uso el término poeta de forma amplia, para referirme a todos los artistas del ambito literario: cuentistas, novelistas, ensayista y poetas, por supuesto.

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