En Carrera de Martin Amis

Los caminos de la literatura son misteriosos. Los guionistas de Hollywood ganan millones de dólares y los poetas de las barriadas deben pagar de su propio bolsillo minúsculas publicaciones en oscuras y fugaces revistas.  ¿Qué genera está diferencia abismal entre una y otra actividad, tan emparentadas en el fondo?  Martín Amis responde a esta pregunta con un cuento tan simple como audaz, donde ambas premisas se invierten y se nos presenta un mundo donde los poetas son figuras estelares para los grandes estudios cinematográficos y los guionistas sufren penosamente el olvido y el anonimato de los pequeños artistas.

Cómico, por supuesto, esté cuento de Martin Amis me dejo pensado en la forma que tiene la sociedad de valorar las disciplinas que ejercemos, y la clara arbitrariedad con que se juzga y se premia (o se castiga) determinada vocación.  Como el destino tiene menos que ver con el camino que uno elija, y mucho más con la forma que la sociedad ve dicho camino.

“Voy a ser medico” podría decirle uno a su madre y ésta saltará alborozada.  “Voy a ser teólogo” y ésta estallará en los llantos más espantosos, caerá de rodillas y lanzará quejas al cielo por lo aciago de su fortuna.

En el Club World de Heathrow todos parecían cómodos y agradecidos de estar allí menos Luke, que tenía cara de desagrado. Volaría en primera clase a Los Ángeles, donde lo esperaría un chofer uniformado que iba a llevarlo en una limosina hasta el Pinnacle Trumont en Avenue of the Stars.  No era nada extraordinario viajar en primera.  En el mundo de la poesía nadie pensaba “que bueno que viajo en primera”.  Eso no se discutía, era parte del reglamento.  Viajar en primera era un negocio como todos lo demás.

El sentido común dicta que debe haber una ecuación por supuesto.  En la medida que lo que uno hace genera la mayor cantidad de beneficios posibles, parte de esos beneficios recaerán sobre uno.  Pero, ¿por qué ciertas disciplinas artísticas como la pintura o la escultura generan beneficios tan extraordinarios y otras ramas como la poesía o los cuentos, beneficios tan exiguos o derechamente inexistentes?

Woody Allen dijo: el corazón quiere lo que quiere.  O el dinero en este caso.  La balanza aquí pareciera ser si una forma de arte es susceptible de ser instrumentalizada y convertida en un negocio rentable o no.  He ahí el quid, arbitrario y externo, donde al artista, independiente de su talento, no le queda más que considerar seriamente el cambiarse de disciplina si desea triunfar en sociedad.  Pero, de nuevo, el corazón quiere lo que quiere, y En Carrera, Amis nos muestra como cada artista, ya sea en su pequeña habitación, ya sea en su fastuosa mansión, lidia día a día con los misterios del arte, lucha con la forma elusiva e inextricable, con la Belleza –así con mayúsculas–, sin importar si allá afuera es oro y diamantes lo que tendrá de recompensa, o si no, un tibio paseo por el parque, donde, susceptible y anónimo, el artista ha de avanzar a solas por los caminos del mundo.

Andrés Olave

Pd: si quieres leer este cuento haz clic AQUI

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s