Un lento aprendizaje hacia la obra de Thomas Pynchon

Uno: la figura icónica de Thomas Pynchon suele ser desconocida para el publico chileno más que nada porque en Chile nadie lee un cuerno, pero también porque la mayor parte de los libros de Pynchon superan fácilmente las 900 o 1000 paginas y, además, porque librerías como Ulises, Metales Pesados o Altamira suelen ofrecer dichos volúmenes a precios exorbitantes o derechamente escandalosos, lo que precisamente, no contribuye al auge de este autor entre las masas.

 Dos: si bien es un autor desconocido para la gran mayoría de nuestros compatriotas, cabe señalar que hay una minoría selecta o muy selecta en todo el mundo de lectores que siguen a Pynchon con fervor e idolatría. De hecho buena parte de la crítica norteamericana reconoce abiertamente el profundo efecto que Pynchon produjo en los dos grandes créditos de la literatura norteamericana contemporánea, a saber, David Foster Wallace y Jonathan Franzen, este ultimo casi acusado por Harold Bloom que su novela y gran hit Las correcciones, era básicamente un “refrito de Pynchon”.

Tres: los chilenos de ningún modo se hallan al margen de este fenómeno que llamaré la Pynchon Influence, en primer lugar porque los autores jóvenes nacionales ven con muy buenos ojos tanto la obra de Franzen[1] como la de Foster Wallace (lo que indirectamente los conecta a Pynchon), y en segundo lugar porque otro ilustre seguidor de Pynchon es nuestro más grande crédito nacional: Roberto Bolaño[2].   De hecho hace un par de semanas, al leer Amuleto me quede fascinado por las múltiples conexiones que la novela mantenía con La Subasta del Lote 49, una de las obras más accesibles de Pynchon, conexiones que pretendo detallar con precisión en un post posterior.

Cuatro: otro seguidor famoso de Pynchon es Matt Groening, el creador de los Simpsons, quien lo ha presentado un par de veces en su programa, siempre oculto bajo una bolsa de papel, pues Pynchon –en un gesto tan famoso como invisible–, no se deja fotografiar, ni da entrevistas ni se va de gira con sus libros, es decir, es un autor que evade todo el jodido marketing y actividades promocionales que todo el resto de los autores se tienen que tragar y efectuar con la mayor de las diligencias, para –en un mundo como este–, ser considerados autores de verdad.

Cinco: se ha insistido demasiado acerca de esta postura de Pynchon de permanecer anónimo, lo que si uno lo piensa bien, técnicamente en un acierto, pues nos impele a dejar de lado toda la comidilla que suele generarse alrededor de los grandes autores, las anécdotas sabrosas estilo Hemingway o los fanatismos ciegos de aquellos que acampaban fuera de la casa de Salinger en Connecticut, pues al ser un autor invisible solo nos quedan sus libros y sólo a ellos hemos de abocarnos.

Seis: entrando por fin en materia, he de decir que Thomas Pynchon ha publicado ocho libros, a saber: Un lento aprendizaje que es su volumen de relatos, el seco V., la accesible  La subasta del lote 49, su pantagruélico y genial Arco iris de gravedad, la fresca Vineland; Mason & Dixon que es su obra maestra según los críticos, Contraluz (que en ingles se publico bajo el titulo de: Against the day) y Vicio Propio.

 Siete: Si bien al principio de esta nota señalé que los libros de Pynchon eran caros y difíciles de encontrar fuera de las librerías de la elite, últimamente han llegado a librerías nacionales dos de los volúmenes más accesibles: La Subasta del Lote 49 y Un lento aprendizaje. A mi entender, estos dos libros son el camino dorado que el lector contemporáneo puede cruzar para acceder a esta obra.  Tómenlo o déjenlo.

Ocho: ¿De que se tratan los libros de Pynchon?  Esta es una pregunta difícil de responder brevemente y como ejemplo de esto los remito a las wikipynchon, especies de wikipedias creadas especialmente para intentar descifrar la obra de este autor, la cual está plagada de referencias culturales (reales muchas, otras inventadas).  Pero sin querer desincentivar su lectura, me atrevería a definir provisoriamente la obra de Pynchon como: una serie de libros que parecieran haber sido escritos por James Joyce si éste se hubiera puesto a escribir novelas de espías tras haber tomado un poco de ácido, usando todos los trucos técnicos que conocía, pero ahora en tono de broma, o que parecen ser una broma, porque eso si, la narrativa de Pynchon siempre es un poco más de lo que parece a primera vista.

Nueve: Harold Bloom recomienda leer de corrido dos veces un libro de Pynchon antes de entrar a descifrar de que se trata exactamente. Dicho consejo me parece valido pero muchas veces impracticable para el 99% de la población, porque no sé quién hoy por hoy tras salir de las 1148 páginas del Arco Iris de Gravedad, o las 1340 de Contraluz, se halle dispuesto de buenas a primeras a repetirse el plato.  Sin embargo, el consejo de Bloom es del todo practicable con los libros más breves de Pynchon.

 Diez: Escribo esta nota tras recibir de regalo de navidad Un lento aprendizaje, recién arribado a librería chilenas.  El volumen contiene los primeros relatos de Pynchon, los cuales escribió mientras estudiaba en la universidad de Cornell, donde Pynchon fue alumno de Vladimir Nabokov, y que, pese a tener algunas fallas que el propio autor denuncia en el prólogo, son ya relatos muy interesantes, llenos de esos momentos mágicos, momentos pynchonianos podríamos llamarles como por ejemplo, cuando Dennis Flange quien ha huido de su hogar y de su esposa para refugiarse en un basurero de las cercanías encuentra a Nerissa una gitana enana que lo lleva a un refugio subterráneo hecho de chatarra cuya puerta es un refrigerador General Electric y donde se ve obligado a prometer que se quedara con ella pese a que lo único que quiere es todo lo contrario.  O en La Integración Secreta, ultimo cuento de la serie, donde unos chicos que conspiran continuamente contra su pueblo (símbolo del orden establecido) toman de amigo a Carl, un chico negro y lo conducen al castillo del rey Yrjö, un noble finlandés que llego hasta los Berkshires huyendo de la guerra y que compró un castillo en ruinas con un balde llenó de joyas, y donde los chicos habrán de descubrir el alcance real de sus aspiraciones por una sociedad más justa e igualitaria.

Once: The end.   Dejen de leer esta reseña y váyanse a leer a Pynchon

Adiós

Andrés Olave


[1] De hecho, en la contraportada de La Niña del Pelo Raro se dice que Foster Wallace era el heredero forzoso o inevitable de Pynchon, y eso claro, fue valido hasta la muerte de DFW.

[2] Premio o galardón que, si prefieren, Bolaño puede compartir en partes iguales, con nuestro otro gran narrador, José Donoso.

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