Nocturno Hindú de Antonio Tabucchi

“La ciencia ciega ara vanos terrones,
la fe insensata vive el sueño de su culto,
un nuevo dios es sólo una palabra,
no creer o buscar: todo está oculto”

Navidad, Fernando Pessoa

¿Podemos realmente viajar al otro lado del mundo?   Físicamente sí, están los aviones, los cruceros, los paquetes turísticos en promoción.  Mientras haya dinero, el mundo cabe dentro de nuestro bolsillo.   Ahora, si uno modifica la pregunta y dice: ¿si viajamos al otro lado del mundo, podremos comprender el lugar al que llegamos?  Y la respuesta ya no parece tan clara…

Nocturno Hindú del inmenso Antonio Tabucchi narra uno de estos viajes.   El protagonista llega a la India a buscar a un viejo amigo que se ha extraviado o se ha dejado extraviar en aquel inmenso y enigmático continente.   Al poco andar, el protagonista también se pierde, no porqué no sepa donde se encuentra (de hecho el libro contiene el listado de lugares que se visitan, por ejemplo: “parada de autobús. Carretera de Madás-Mangalore, a unos 50 km de Mangalore, localidad desconocida” sino porqué lo que ve habita un espacio que está  mucho más lejos de las creencias y opiniones del viajero, hay un abismo entre él y cada persona que frecuenta, entre cada paisaje, un abismo que a medida que se adentra en aquel continente secreto se va haciendo cada vez más amplio, más insalvable.

¿Qué hacemos dentro de estos cuerpos? le pregunta un desconocido al viajero en medio de una habitación en penumbras, donde ninguno de los dos le ha visto la cara al otro.   El viajero sugiere una respuesta: es el viaje de las almas, ocultas dentro de los cuerpos, yendo de un destino a otro.  Viajando, si, pero sin saber lo que encontraran al final del camino.

En ese sentido, Noctuno Hindú parece decirnos todo el tiempo: el misterio de la vida es personal.  Es imposible un reencuentro entre los viejos amigos.  El país es gigantesco, monstruoso, infinito y las pistas que los unen son muy tenues, pistas afantasmadas, que suelen llevar a callejones sin salida o a mundos paradisíacos o infernales, cuya sola contemplación hace que el viajero corra el peligro de perder la memoria y olvidar la razón que lo ha llevado hasta allí.

El viaje, tal como lo dice el titulo, es nocturno.  Se viaja a través de las intuiciones y los sueños, se siguen pistas que nadie más ve, porque acaso el viajero se las inventa.  Nadie puede ayudarle en su búsqueda, y como en la propia vida, se viaja a tientas, intentando sobrellevar lo mejor posible lo que sale al paso.

La figura de Fernando Pessoa, el gran poeta portugués, sale continuamente a colación.
En uno de los capítulos el protagonista llega a la Sociedad Teosófica (12 Adyar Road ,Adyar, Madrás).  El viajero intenta ahí vanamente obtener información sobre su amigo, quien alguna vez intercambió correspondencia con la gente de la Sociedad, pero es inútil,  el encargado se niega a ayudarle, y acaban conversando sobre la muerte de Pessoa:

“Pocos minutos antes (Pessoa) había escrito una nota en ingles, en sus anotaciones personales utilizaba a menudo el ingles, era su otra lengua, se había criado en África del Sur. Conseguí hacer fotocopiar aquella nota, la escritura es muy vacilante, naturalmente.  Pessoa estaba agonizando, pero es descifrable.  ¿Quiere saber qué es lo que escribió?

Mi anfitrión meneó la cabeza como hacen los indios cuando afirman.

«I know not what thomorrow will bring».

«Qué inglés más extraño», dijo él.

«Si» dije yo, «qué inglés más extraño».”

Así avanza el libro (o se queda estancado), entre un misterio y otro.  En la soledad de la propia vida que ofuscada como está por ella misma, se le hace imposible salir al encuentro de los demás.  El viajero se desplaza, casi como si flotase, por encima de un mundo que no comprende, en busca de su amigo, ese otro viajero que lo antecede y que es un faro, una luz que lo guía en medio de las tinieblas, y que, a la vez, opera solamente como una excusa, una razón valida a la cual asirse para abandonar el hogar y adentrarse –sin esperanza, sin desesperación– en lo desconocido, en lo que está más allá de nuestra comprensión, y que sin embargo, vive siempre, perfecto e inagotable.

Andrés Olave

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2 pensamientos en “Nocturno Hindú de Antonio Tabucchi

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