El innombrable: No leer a/de Alejandro Zambra

Cada vez que en mis conversaciones con otros literatos suena el nombre de Alejandro Zambra alguien levanta una ceja.  No sé porqué pero siempre pasa.   En dichas ocasiones suelo detectar cierto resquemor respecto a Zambra, un recelo cauteloso, una envidia muy bien disfrazada.  Muy pronto alguien cambia el tema, como diciendo: Zambra es otro invento de los medios, y yo me quedo con la sensación que algo que nadie ha dicho ha sido lo más importante de toda esa charla.


Seamos ordenados, para variar un poco: Alejandro Zambra nació en 1975, es lo que se dice un autor relativamente joven y ha publicado los libros de poemas Bahía Inútil y Mudanza, las novelas Bonsai, La vida Privada de los árboles, y Formas de Volver a casa, estos tres volúmenes en la sacrosanta editorial Anagrama y el libro de reseñas o criticas literarias que hoy nos convoca: No leer.

Lo primero que uno nota entonces en Zambra es su ductilidad, la capacidad de metamorfosis, de pasar de un género a otro que alguna vez también lucio Enrique Lihn.  Mientras otros autores se quedan cómodamente atrincherados escribiendo en un género particular, Zambra parece moverse con facilidad entre uno y otro. Es un polifuncional.  Siguiendo con la metáfora futbolística, Zambra es un autor que juega en España (con Anagrama), lo que debe generar cierta tirria, pues ya no hablamos de un super ventas estilo Rivera Letelier o Isabel Alllende, cuyo éxito puede ser fácilmente explicado por mis connacionales como: circo para las masas.  Aquí, en cambio, hay inteligencia y talento, en amplias dosis, y sea quizás una de las causales de que sea tan problemático nombrar a Z. en las reuniones literarias.

Sobre No Leer

No leer, es un volumen casi de desagravio.  Zambra nos explica que durante años trabajó de critico en LUN (labor que hoy desempeña la imponderable Patricia Espinoza), haciendo reseñas de libros que no pocas veces resultaban ser espantosos (Jorge Edwards es mencionado un par de veces a propósito de este tópico), libros perfectamente detestables y que para peor debía leer dos veces seguidas para hacer una critica más o menos atildada o justa.  En ese sentido, Zambra explica que se generó en su interior una suerte de angustia libresca en torno a la necesidad de hablar alguna vez de libros que a él si le gustaran, que realmente disfrutase, en vez de los usuales bodrios que su editor le entregaba de tarea cada semana.

Es, en ese sentido, que surge este libro, que se empezó a forjar cuando Zambra se libró del yugo del trabajo en las ultimas noticias, y comenzó a escribir en otros medios, chilenos o extranjeros, acerca de libros que si eran más de su agrado y a la pasada digo que en No Leer uno encuentra reseñas o apuntes sobre Natalia Ginzburg, Juchiniro Tanizaki, Manuel Puig, J.M. Coetzee, Cesare Pavese, Mario Levrero, Gonzalo Millan y sobre nuestro Jesucristo superestrella: Roberto Bolaño.

Las reseñas de No Leer suelen ser breves, una pagina y media, a veces dos.  Sospecho que Zambra debe escribir originalmente cinco o seis paginas y luego se entretiene podándolas hasta verlas reducidas a esos pequeños artefactos.  Es un juego oriental el que practica, un juego donde la exactitud y la minuciosidad predominan y que, puestas a contraluz, uno se da cuenta que son reseñas muy buenas, únicas, desafiantes, donde a veces Zambra menciona a Peter Esterhazy o Josefina Vincens o George Oppen o Kobo Abe, autores que a uno no le suenan ni de lejos, y ahí Zambra lo manda a uno a la biblioteca, lo que siempre es un buen regalo de parte de un autor.

A propósito de la Pieza Oscura de Enrique Lihn, Zambra escribe:

La infancia es, entonces, un tiempo al servicio de los fantasmas, un lugar donde poner imágenes que, vistas desde el presente, conforman una especie de arraigo.  Un arraigo desde luego difícil, vacilante: la pieza oscura es el lugar donde se revelan las fotografías, donde aparecen, por primera vez fijadas en papel, imágenes que al mismo tiempo autorizan y destruyen la identidad.

Aunque uno no tuviera idea quien es Lihn, no hubiese leído un solo libro, un solo poema de Lihn, uno no podría evitar prestarle atención a esta clase de textos, a esa voz que viene desde lejos, con potestad, una voz casi bíblica, precisiones sobre precisiones que ponen los pelos de punta.

Aprende…aprende…aprende…

KO

Andrés Olave

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