Compañia de Samuel Beckett

Una voz alcanza a alguien de espaldas en la oscuridad. Así empieza Compañiade Samuel Beckett. De todos los libros que he de reseñar en este blog, este es del que menos me acuerdo. Tengo una memoria más o menos decente, pero cuando trató de evocar este libro, recordar lo que pensé o sentí cuando lo leí, todo se hace más o menos borroso. Como si en vez de leer el libro lo hubiera soñado, o fuese un recuerdo mucho más antiguo, proveniente de un mundo más lejano.

De espaldas en la oscuridad una voz desmenuza un pasado. Cuestión también por momentos de un presente y rara vez de un futuro. Como por ejemplo, tú acabarás tal como eres. En Compañía, todo se asemeja a un sueño bíblico, profecía sobre un mundo que aún no existe pero cuyas raíces se hayan fuertemente asentadas ya en los meandros de la propia conciencia. Beckett mirándose al espejo, viéndose a sí mismo atentamente, viendo como su imagen se descompone en varios, en voces que vienen de lo invisible, que es su propia voz y a la vez es otro.
El empleo de la segunda persona es obra de la voz. El de la tercera la del otro. Si él pudiera hablar a quien y de quien habla la voz habría una tercera. Pero él no puede. Él no lo hará. Tú no puedes. Se queda quieto Beckett escuchando las voces, todos los que el ha sido o es. Bruno Schultz en alguno de sus cartas explica el por qué: la psique está organizado como una multitud de subsistemas superpuestos, algunos más racionales que otros. De ahí la naturaleza confusa y múltiple de nuestro pensamiento en general.

Pero Beckett no está para explicaciones. El quiere ahondar en la experiencia, extraviarse.

¡Qué visiones en la penumbra sin sombra de luz y de sombra! Imaginando todo para acompañarse. Qué ayuda para la compañía sería esto. Hay un libro de Vila Matas donde el escritor barcelonés cuenta que de joven, durante sus años de aprendizaje en París, un día divisó a lo lejos a Samuel Beckett leyendo un diario en un parque y se sintió incapaz de acercarse a saludarlo, de quebrantar su férreo aislamiento.

En Compañía el propio Beckett parece mostrar reparos ante la idea de que haya una presencia junto a él, o al menos, manifiesta una cierta extrañeza, como si lo que estuviera en juego fuera la definición misma del orden natural de las cosas.

Ahora tú de espaldas en la oscuridad, con el rostro volteado, sufrirás en vano por tu fábula. Hasta que al fin escuches y concluyas que las palabras llegan a su fin. Con cada palabra inútil más cerca de la última. Y con ellas la fábula. La fábula de otro contigo en la oscuridad. La fábula de ti fabulando a otro contigo en la oscuridad. Y de lo que se deduce más vale finalmente tiempo perdido y tú tal como siempre.
Solo.

Que fuerte Beckett.

©Andres Olave

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