Bariloche de Andres Neuman

Esta novela, escrita a los 22 años por el hiperkinetico escritor argentino Andrés Neuman (Buenos Aires, 1977) resultó finalista del XVII Premio Herralde de novela.* Estar plantado a esa joven edad ya entre las cimas de Hispanoamérica no es precisamente cuestión de suerte.

Incisivo, Neuman es un escritor que practica lo que Bolaño alguna vez catalogó como literatura de los ojos abiertos, esa atención continúa sobre los otros y sobre el mundo en general, un continuo proceso de aprendizaje sobre los demás que el propio autor pregona. Recuerdo que la tarde posterior que conocí a Andrés Neuman practique su método. Me fui caminando al metro en santiago intentando estar los más atento posible. ¿Qué es lo que vi? Muchas más cosas de las que en principio creí que me encontraría: vi a una señora de color, con unas flores marchitas en la mano, y a su hija, que la seguía detrás y las lágrima se le escapaban por los ojos; vi a la señora del aseo en el metro con una muñequera en el brazo derecho, el mismo que usaba para sujetar la escoba, los labios fruncidos y el dolor contenido dibujado en el rostro; vi a un adolescente gordo intentando leer una condorito, pero que a cada rato se desconcentraba producto del efusivo ponceo que una pareja de pokemones, a su lado, se prodigaban lujuriosamente. En el metro, vi a un tipo delgado, de no más de 15 años, peinado a la gomina que leía El Secreto fervorosamente y parecía creer a pie juntillas que ese libro cambiaría su vida; vi una madre con su hijo, ambos de rasgos semejantes y con el ceño fruncido intercambiando bostezos que se contagiaban mutuamente una y otra vez como dos hipopótamos soñolientos; vi a una chica de formas voluptuosas encender su ipod y poner un video homo-erotico que parecía estar viendo por milésima vez y vi a un dealer cincuentón, vestido de pies a cabeza con Lacoste, que miraba a las colegialas con mirada triste, con algo parecido a la nostalgia.

Uno podría seguir por horas y horas. En ese sentido el mundo es un libro abierto, que cualquiera, si se lo propone puede leer. Y hablando de libros…


Bariloche es una historia sobre lo que yo llamaría, la aplastante mediocridad de nuestras vidas. Un hombre, Demetrio Rota, sumergido en el controvertido oficio de basurero, se ha esmerado durante toda su vida en mantener un cerco de calma e independencia alrededor de su persona. Hombre maduro ya, trabaja de madrugada y parte de la mañana recogiendo basura, duerme siesta por las tardes y arma rompecabezas por las noches. Esto es interesante: la afición por los puzzles con paisajes montañosos que le sirven a Demetrio para evocar su infancia y juventud en Bariloche. En ese sentido, las imágenes le sirven para poner en un marco perfecto, para idealizar, las trabas y sueños rotos desde su juventud, anestesiando su conciencia, y disfrazando su memoria.

Al final de la lectura, en todo caso, me quedaron algunas dudas: ¿qué impulsa a Demetrio a ese quietismo? ¿O que nos impulsa a todos nosotros, en algún momento de nuestras vidas, a detener el viaje, a establecernos y decir: aquí me quedo? ¿Qué nos impide ir más lejos, ahondar en lo profundo? ¿Acaso son nuestras propias barreras mentales, no físicas, las que nos inducen a creer que no hay mucho más detrás de la línea del horizonte, que no hay nada nuevo bajo el sol y que la vida se repite incesantemente sin prestar realmente atención, a la enorme complejidad y al colorido del mundo?

Saludos

—-

(*): uno más de los premios literarios que llevan el nombre del dueño de la editorial lo que nos da algunas pistas acerca del descarado ego de los editores.

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