cuando la tienda cierra

A las once de la noche, las prostitutas y los otros animales nocturnos vieron como Ted Bogger apagaba las luces y bajaba las cortinas metálicas de la Tienda de Regalos. Ninguno de ellos podía recordar (o tenía algo de memoria) que en el pasado dicho acontecimientos hubiese sucedido. Las prostitutas más viejas, aquellas que por casi diez años habían florecido y luego marchitado allí, eran incapaces de recordar una sola noche con la tienda cerrada. Los motivos ajedrezados de la reja tenían un encanto extraño, ese encanto que viene de lo nuevo y lo inesperado, y muchos clientes esa noche no fueron bien atendidos, o acaso, fueron derechamente ignorados pues las chicas no se podían sacar de la cabeza la tienda cerrada, sus luces apagadas, aquella tienda que era como un faro en medio de la noche, un puerto para los viajeros cansados que había desaparecido de pronto, había cerrado sus puertas, y era, ahora, sólo un ojo ciego más, una posibilidad clausurada, la pérdida de un refugio que hacía diminuir un poco más las esperanzas que ellas podían tener en este mundo.

 

tienda original casa

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Nadie es más feliz que tú

felices

Leo un estudio (mejor dicho veo el dibujo de Pictoline) sobre la felicidad.  La felicidad, como todos los ámbitos humanos, se trata al final de competencia, de quien es más: quien tiene más dinero, la esposa más linda, el pene más grande, el auto más caro o finalmente quien es más feliz.  Sorprendentemente las mujeres solteras salen ganando, un estrato que suele sufrir los clichés de las señoras con bata y pantuflas que celebran los cumpleaños de sus gatos, y que, al parecer, se lo pasan mejor que los padres que se afanan en los trabajos y dejan a sus hijos en carísimas guarderías.   Los padres refutaran que todo dolor con hijos es una felicidad superior, los solteros les lanzaran de vuelta sus viajes al Caribe  y sus fiestas nocturnas a la misma hora que los casados cambian pañales fétidos y consideran ese acto como pura felicidad.

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La seducción de las imágenes

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Las fuerzas que nos dominan son inmateriales.  Antaño el adicto podía ver la jeringa que lo consumía, acaso el enamorado a su mujer, el alcohólico la botella, etc.  Ahora las fuerzas que nos dominan son las imágenes digitales, imágenes que vienen desde nuestros aparatos,  múltiples e interminables;  es la sumisión al Aleph, a la esfera que contiene todas las posibilidades de todos los mundos.  Nos cuesta mucho restarnos a su influjo.  La mayor parte de nuestro tiempo lo vivimos hipnotizados frente a las imágenes. De día la cabeza agachada frente a la pequeña pantalla brillante de cuatro o cinco pulgadas. Por la noche, de frente, paralizados ante la pantalla gigante de 40 o 50 pulgadas.  La contemplación estática es la norma en casi cada momento de nuestras vidas, la sumisión ultima.

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Divorcio

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Llega por fin el día de mi divorcio.  No es un día precisamente para celebrar, ser esa clase de adulto que se va de fiesta tras la liberación, se emborracha, se droga, se encama, comienza de nuevo un ciclo juvenil que acaba finalmente, como no, con un nuevo matrimonio.

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Divorciarse es una victoria pírrica: triunfas al recuperar tu autonomía y lo pagas con todos los años que se perdieron en el fracaso del matrimonio.

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Pequeño Hamlet

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Llega el principe Hamlet a San Pedro de Atacama.   Con la tara de un pasado injusto que le ha jugado en contra.   Con la alcurnia todavía intacta pero sin un peso en los bolsillos.   Viene a por todo, dispuesto a cobrar venganza por la muerte simbolica de su padre y la afrenta que este mundo no sea en realidad su reino, que como principe no tenga un lugar donde hacer su voluntad para reinar y castigar a su gusto.

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Ajuste de las tragedias

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Aparece un estudio que asegura que Nietzsche no murió de sífilis sino de una demencia frontotemporal llamada enfermedad de Pick. Varios de sus síntomas coinciden con los que se observaron en Nietzsche, por ejemplo, que antes de que se manifieste de lleno la enfermedad, el paciente incrementa en forma notable su habilidad verbal: Nietzsche hacia el final de su vida escribió a velocidad asombrosa cientos de páginas brillantes.

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